Con ternura, con paz, con inocencia,
con una blanda tristeza o el cansancio
que viene a ser un perro fiel que acariciamos,
estoy sentado en mi sillón y soy feliz,
y soy feliz
porque no siento la necesidad de pensar algo preciso.
Con una fatiga que no es un desengaño,
con un gozo que no alienta esperanzas,
estoy en mi sillón, y estoy
en algo que quizás sólo es amor.
Sé que floto
y nada me parece sin embargo indiferente;
sé que nada me alegra ni me duele
y que sin embargo todo me enternece;
sé que eso es el amor,
o que quizá solamente es un dulce cansancio;
sé que soy feliz
porque no siento la necesidad de pensar algo preciso.
Descanso.
Estos crepúsculos tibios son tan azules, que el alma quiere perderse en las brisas y embriagarse con la vaga tinta por los espacios derrama, fundiéndola en las esencias que todas las flores alzana para perfumar las frentes de las estrellas tempranas.
Los pétalos melancólicos de la rosa de mi alma, tiemblan, y su dulce aroma (recuerdos, amor, nostalgia), se eleva al azul tranquilo, a desleirse en su mágica suavidad, cual se deslíe en un sonreír la lágrima del que sufriendo acaricia una remota esperanza.
Está desierto el jardín; las avenidas se alargan entre la incierta penumbra de la arboleda lejana. Ha consumado el crepúsculo su holocausto de escarlata, y de las fuentes del cielo (fuentes de fresca fragancia), las brisas de los países del sueño, a la tierra bajan un olor de flores nuevas y un frescor de tenues ráfagas... Los árboles no se mueven, y es tan medrosa su calma, que así parecen mas vivos que cuando agitan las ramas; y en la onda transparente del cielo verdoso, vagan misticismos de suspiros y perfumes de plegarias.
La vida es como un viaje por la mar:
hay días de calma y días de borrasca; lo importante es ser un buen capitán de nuestro barco.
Carolina se enamora - Federico Moccia.
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