
El Coloquio De Los Perros.
Esta novela trata de dos perros llamados Cipión y Berganza que una noche podían hablar por lo que se quedaron muy asombrados y queriendo aprovechar esa oportunidad que no sabían cuánto duraría, se pusieron a charlar.
Primero de cómo veían los hombres a los perros, ya que pensaban que eran como un símbolo de amistad y fidelidad y de cómo cuando mueren los dueños ellos lo sienten y muchos llegan incluso a la muerte por no comer y no separarse de las sepulturas.
Cipión le dijo que el que ellos pudieran hablar era cosa del cielo y que había que aprovecharlo porque no sabían cuanto iba a durar aquello y que lo mejor sería hablar de cosas más interesantes, Berganza que desde siempre había querido hablar, estaba de acuerdo, y quería contarle todo de lo que se acordaba lo más rápido posible por si este bien se les acababa y acordaron hablar de todo lo que les había acontecido en la vida, pero antes se aseguraron de que no les oía nadie, Berganza comenzó desde que estuvo en el matadero y como su primer dueño llamado Nicolás el Romo le enseñó a arremeter a los toros y que él llevaba una cesta de carne a una amiga de su amo defendiéndola por el camino si alguien se la intentaba quitar, pero que un día una mujer se la quitó y no se defendió por no poner su sucia boca en ella y al volver sin la comida su dueño le quiso matar por lo que tuvo que escapar por unos campos, hasta donde llegó a unos rebaños que al verlos pensó que sería un buen lugar para quedarse. Un pastor que le vio le llamó y le examinó para ver si sería bueno para ayudarle a cuidar el rebaño; viendo el pastor que sí; se lo llevó con él y le puso por nombre Barcino, le dio de comer. Todos los días se tomaba la siesta, en las cuales se ponía a pensar sobre los libros que había oído que trataban sobre los pastores y no tenían nada que ver con la realidad. En su trabajo si algún lobo matase a alguna de las ovejas los perros eran castigados, y últimamente siempre aparecía alguna muerta y nunca conseguían ver al lobo, incluso lo buscaba por los alrededores, pero un día vio a unos hombres que mataron a una de las ovejas de igual modo que si fuera un lobo de verdad, y como no podía avisar a su dueño, siempre eran duramente castigados, además los hombres que hacían estos eran los que cuidaban el rebaño. Así que Berganza decidió irse, por lo que volvió a Sevilla donde empezó a servir a un mercader muy rico, pero para conseguir entrar en la casa tenía que basarse en la humildad, primero miraba el ambiente para ver si podrían mantener a un perro grande y si era así se ponía en la puerta cuando venía el dueño, bajaba la cabeza y se acercaba a limpiarle los zapatos con la lengua. Cipión comentó que él hacía lo mismo. Una vez dentro de la casa del mercader le acogieron de guardián detrás de la puerta atado por el día y suelto por la noche, normalmente ni dormía y como el mercader estaba muy orgulloso de él pidió que se le tratase bien, Berganza cada vez que veía a su dueño corría hacia él dando saltos de alegría, allí le llamaban Truhán.
El mercader tenía dos hijos, uno de catorce años y otro de 12, que estudiaban gramática en el colegio de la Compañía de Jesús, éstos iban con ayos y pajes, Cipión le aclaró que en Sevilla los mercaderes demuestran sus riquezas a través de sus hijos. Berganza siguió con la historia y le contó que un día se dejaron un cartapacio en el patio y como ya estaba acostumbrado a llevarle papeles a su dueño, lo cogió y se lo llevó a uno de los pajes, pero nadie consiguió quitárselo hasta que no entró en la clase del chico y se lo dio en persona. Tan agradecidos estaban sus dueños que vivía como un rey, tenía una vida muy descansada porque le domesticaron para jugar con los niños, pero tuvo que volver a hacer de guardián en la puerta porque en la escuela distraía a los demás niños, por lo que tuvo que volver a su ración perruna y a los huesos que una negra le arrojaba, ésta estaba enamorada de un negro que también trabajaba en la casa pero sólo se podían ver por la noche a si que robó la llave para poder ir a verle, ella robaba muchas cosas pero él nunca decía nada porque siempre le llevaba comida, pero un día cansado, Berganza arremetió contra la negra, rompiéndole la blusa y arrancándola un trozo de carne del muslo por lo que tuvo que estar en cama durante algunos días fingiendo estar enferma, pero cuando se curó volvió a intentar pasar para ver a su amado pero volvió a arremeter contra ella, a si que la negra queriéndose vengar dejó de darle de comer y aunque el ladraba nadie le hacía caso, por eso un día que encontró la puerta abierta se escapó saliendo a la calle donde vio a un alguacil amigo de su antiguo amo Nicolás el Romo, el cual al verle le llamó, Berganza se acercó y el alguacil comentó a unas personas que estaban con él, que este era el famoso perro de ayuda de un amigo suyo. El alguacil se lo llevó a casa de su antiguo dueño, pero éste le rechazó porque pensaba que si se escapó una vez lo haría otra, a si que tuvo que llevárselo a casa. El alguacil iba con un escribano y estaban con dos mujeres que iban a la caza de extranjeros, pero nunca iban a la cárcel. A una de ellas la pillaron en la cama con un señor que no era su marido por lo que esta vez sí fueron a la cárcel, el hombre pedía sus folladas que es donde tenía su dinero para pagar la multa, pero nadie les encontró excepto Berganza que viendo que ahí había comida los cogió a sacándolos fuera para comérselo sin que nadie le dijera nada, Berganza al ver que todos lo buscaban fue a la calle a cogerlos pero al llegar allí ya no estaban.

Oficios que ejerce el Protagonista.
· El primer oficio que ejerce es un matadero cuando estuvo con su primer dueño Nicolás el Romo, el cual le enseñó a arremeter contra los toros, Berganza tenía que llevar una cesta llena de comida a una amiga de dueño, todos los días.
· El siguiente oficio que tuvo es el de pastor donde lo único que tenía que hacer es cuidar a las ovejas y tener cuidado de que no las atacara un lobo, ya que sino era castigado, y además en ese trabajo se podía echar la siesta de vez en cuando.
· Después estuvo trabajando con un mercader muy rico, donde tenía que hacer de guardián detrás de la puerta, por lo que era recompensado por hacerlo tan bien.
· Con los hijos del mercader, en vez de guardar la puerta tenía un trabajo mucho más tranquilo y relajado ya que lo único que hacía era jugar con ellos, y éstos estaban tan agradecidos que vivía como un rey.
· Pero, como no podía estar en el colegio de los hijos del mercader porque distraía a los demás niños, volvió a su puesto de antes de guardián en la puerta.
· En este otro trabajo lo que tenía que hacer era ayudar al alguacil, que era amigo de su antiguo amo Nicolás el Romo, y hacer lo que se le mandara, incluso arremeter contra alguien.
· Un hombre que le acogió le enseñó a hacer monerías, cosas graciosas que sorprendía o a hacer reír a la gente, con lo que hacía ganar mucho dinero a su dueño, que le llevaba por muchos sitios a dar su espectáculo.
· Con los siguientes dueños que tuvo, que eran unos gitanos, tenía que hacer lo mismo que con su anterior amo.
· En este siguiente oficio tenía que guardar la huerta, junto con un morisco que era escritor, este trabajo era bastante relajado.
· Con el mismo dueño de antes lo que tenía que hacer ahora era arremeter en el teatro contra quien le mandasen, la mayoría de las veces para defender a los entremeses.